Pastoral de la Vocación

¿Sentido de la búsqueda o búsqueda de sentido? II

Etiquetas Acompañamiento
Este artículo está escrito por Lorenzo Yovera

El significado de una búsqueda auténtica descansa en el deseo de Dios que nos mueve. El conocimiento de nosotros mismos, para llegar a conocer a Dios, es la vía de transformación y renovación en el Amor, por la cual el sentido de toda búsqueda de Dios adquiere plenitud, ya que alcanza su objetivo.

Hermano Lorenzo

Búsqueda es también dejarse acompañar

Continuando con nuestra reflexión anterior… aprender a incursionar dentro de nosotros mismos es una tarea que, necesariamente, amerita de un serio acompañamiento. Necesitamos de alguien que haya hecho un trayecto de este camino. Es el rol del formador. La vida espiritual a la que estamos llamados todos a cuidar y velar, es el ámbito más excelente en donde podemos potenciar en el joven aquellas herramientas que lo ayuden a animarse en esta tarea. Se trata de ejercitar la actitud de la escucha de sí mismo, que pasa necesariamente por el tamiz de una relación madura con una persona que me acompaña y orienta en el camino hacia Dios.

Búsqueda y escucha: conocerse desde la Palabra

La idea es que el joven traslade esta actitud de escucha a la experiencia de la Lectio Divina diaria, es decir, a la lectura orante de la Palabra de Dios, para que pueda así completar y fortalecer su propia historia de cara a la historia de la salvación, y pueda ir aprendiendo el “arte” de confrontarse consigo mismo con paciencia y esmero. Es esta lectura la que permitirá dar el paso del autoconocimiento al conocimiento de Cristo, fundamento y significado pleno de toda búsqueda auténtica. Por esta razón, la lectio divina es al mismo tiempo fuente y vía para el desarrollo pleno de la actitud de escucha sobre la que se asienta el autoconocimiento, que nos conducirá, como ya quedó dicho, hacia el conocimiento del Salvador.

Obviamente, este trabajo que se inicia y fortalece en la lectio divina no es automático. No se trata, pues, de una especie de varita mágica que nos da la solución a los problemas o resuelve automáticamente los desafíos. Todo este proceso amerita necesariamente la colaboración de la persona en sí misma. En este sentido, queda más evidente el rol de acompañantes que tenemos los formadores. Cada aspirante a la vida consagrada debe demostrar la suficiente apertura para adentrarse en su búsqueda de Dios con empeño y responsabilidad.

Conócete a ti mismo: el camino formativo

Por eso hablamos del autoconocimiento como una de las primeras y fundamentales etapas del camino de la búsqueda de sentido. Desde este punto de vista debemos ser clarividentes, es decir, tratar siempre de mirar más allá, y el discernimiento aquí es clave para que, en el proceso formativo se puedan tomar las decisiones más oportunas, aunque a veces resulten incómodas, en relación a si se debe continuar o no el proceso con alguna persona, sobre todo, si no demuestra seriedad y responsabilidad en su búsqueda.

Como formadores tenemos que estar preparados convenientemente para acompañar a los candidatos en esta ardua tarea. Todos la conocemos bien, hemos transitado por este camino y todos tenemos experiencias de nuestros propios años de formación, y esto es una gran ventaja. Aprender a confrontarnos y dejarnos moldear no es precisamente una experiencia dulce y agradable a los sentidos, y por esta razón vamos a necesitar de gran paciencia y atención en estas primeras etapas del camino de quienes acompañamos. Como bien sabemos, la frustración que genera normalmente en cierta medida este proceso de comprender y aceptar que no entiendo ni comprendo, necesita de nuestra parte una continua revisión y una constante repetición de los elementos esenciales que apoyan el autoconocimiento en los candidatos.

Para ello es necesario que siempre nos autoevaluemos como formadores en las actitudes y características de nuestra propia personalidad, de cara al rol que llevamos adelante. Algunas de estas actitudes podrían ser: seguridad personal; capacidad de generar confianza; respeto; tranquilidad de carácter y actitud de espera paciente; seriedad en la palabra y profundidad en la misma; claridad en la palabra dada que sepa combinar la fuerza y la suavidad; testimonio (no doblez); equilibrio afectivo; buen humor.

El itinerario del autoconocimiento

Es importante que tengamos claro el carácter gradual propio del autoconocimiento, es decir, alcanzar el conocimiento de nosotros mismos no es una tarea de una sola etapa de la vida, sino que es un proceso que abarca la existencia entera. Para el que comienza el camino, la tarea ardua y fundamental estará en tomar consciencia de la actividad que le corresponde ejecutar e iniciar, con la finalidad de encauzar su búsqueda de Dios de manera correcta y adentrarse en el sendero con apertura de corazón.

Para nosotros, formadores, debe estar claro que, de lo que se trata es de que el candidato se haga consciente del proceso de conversión personal al que debe abrirse si desea seguir a Dios, y que nuestro trabajo consiste en darle algunas herramientas para ello, ayudarlo a esta toma de consciencia. Hasta ahora, la persona que llega posiblemente esté en alguna medida cegado ante esta realidad. Aunque entienda que no hay cristianismo sin conversión, necesita ahora emprender concretamente este camino en su propia experiencia personal, es decir, ahora necesita aprehender a Cristo, emprender el camino de la relación personal con Él desde otra perspectiva que necesariamente será novedosa, más profunda.

Búsqueda y conversión

Esta conexión entre fe profesada y vida-experiencia es la clave de acceso a lo que es el comienzo de la integración humana y espiritual de la persona. Es la “puerta” que se abre ante nosotros y que nos permite acceder al conocimiento verdadero, que es el Conocimiento de Dios en la Persona de Su Hijo único. Conocerlo a Él es, en realidad, darse cuenta de que somos primero conocidos por Dios en el amor. Poco a poco, quien se empeña en el propio autoconocimiento de cara a Dios, va entendiendo que es Dios mismo quien ha movido la propia existencia, con sus altas y sus bajas, y así, conociéndose, le conoce a Él.

¡Y todo este proceso, vivido en el Amor auténtico, sólo por amor!

“El amor de Dios nos revela la realidad, la de Dios en la medida en que podemos conocerla, y la nuestra propia; conocimiento sin amor no es verdadero conocimiento, necesitamos aprender” .

P. Plácido Álvarez

Buscar en la escuela del amor divino

La escuela, pues, de este conocimiento, es el Amor. Sabemos que es también tarea de la formación canalizar convenientemente la visión del amor con que llegan los candidatos. El reduccionismo cultural que rodea la figura del amor es inmenso hoy día. Pero debemos partir del autoconocimiento personal, porque le permitirá a la persona conocer el Amor, es decir, experimentarlo, y desde allí, potenciar todo lo demás.

Todo conocimiento verdadero de nosotros mismos amerita de una seria y sincera motivación que, necesariamente tiene que ser interior, y para esto, que esté asentada en valores trascendentales auténticos. La conversión personal, es decir, la capacidad de transformación a partir de una vida cada vez más conforme a los principios evangélicos, por la gracia y nuestra decisión, es el trasfondo motivacional impulsador del sentido de nuestra búsqueda. Hace falta que los caminos de formación que nos trazamos, estén marcados por una sabia integración de los elementos humanos y espirituales convenientes para que el joven pueda recibir las herramientas apropiadas que sostengan este trabajo de aprendizaje en el amor.

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