Pastoral de la Vocación

Este artículo está escrito por Francisco Morales

Hablar del carisma del rector del seminario, de lo carismático puesto al servicio de una comunidad formativa, es hablar del don de sí dentro de un oficio concreto que entraña una gran responsabilidad. ¿Qué es un rector? “Rector” proviene del verbo “regere” que significa regir o gobernar. El sustantivo latino es “rector-oris” que significa el que cuida que las cosas se hagan derecho. Por lo tanto, es la persona que dirige ciertas organizaciones o comunidades. En el caso que nos ocupa, se trata del oficio eclesiástico de quien debe custodiar que toda la vida del Seminario se desarrolle diligentemente.

Según la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, del año 2016, el Rector del Seminario “(…) Es un presbítero que se distingue por su prudencia, sabiduría y equilibrio altamente competente, que coordina la actividad educativa en el gobierno del Seminario. Con fraterna caridad, él establecerá una profunda y leal colaboración con los demás formadores; es el representante legal del Seminario, para los ámbitos civil y eclesiástico. El Rector, en comunión con los formadores (…) se esforzará por ofrecer los medios necesarios para el discernimiento y la maduración vocacional” (n. 134).

Carisma al servicio de la comunión

Un elemento importante de la misión del Rector, es garantizar la comunión con el Obispo en aspectos tan fundamentales como el proyecto formativo del Seminario, los criterios de discernimiento vocacional y las decisiones de cierta importancia. El Rector debe encontrarse frecuentemente con el Obispo y dialogar sobre la vida del Seminario.

Corresponde al Rector impulsar y coordinar la elaboración del proyecto formativo integral, el cual propone un camino pedagógico para alcanzar los objetivos de cada dimensión formativa, en cada una de las etapas, previendo los medios más convenientes, los tiempos de su aplicación y la gradualidad educativa que sea más pertinente, de acuerdo con las circunstancias locales. En este sentido, le compete ayudar, acompañar y estimular a cada seminarista, así como hacer el respectivo discernimiento vocacional. 

La experiencia formativa de la Iglesia destaca que, junto a todo lo anterior, una primera e ineludible responsabilidad del Rector es acompañar al equipo de formadores, escuchar frecuentemente a cada uno de sus miembros, ayudando a cada uno a discernir su continuidad en el servicio formativo. Este debe ser un punto clave en el diálogo con el Obispo, junto con la selección de nuevos formadores que se pueden integrar al equipo. La previsión de estos cambios, que facilita que se realicen razonablemente, da una mayor estabilidad al Seminario como institución formativa, buscando siempre el bien de los seminaristas y de la Iglesia.

Al servicio de un equipo

En el curso para Rectores de Seminarios de lengua española, realizado en Roma en septiembre de 2018, bajo la dirección de la Congregación para el Clero, se afirmaba que para que lo expresado hasta aquí funcione, el Rector debe preocuparse y esforzarse para que el equipo de formadores sea una comunidad sacerdotal, que ofrezca un testimonio de vida cristiana y sacerdotal, con base en la espiritualidad del sacerdote diocesano, caracterizada por las relaciones de fraternidad, paternidad y filiación, manifestadas en algunas actitudes como las siguientes:

  • Cercanía y comunión con el Obispo: Esta comunión y cercanía debe ser recíproca y ha de procurar hacerse efectiva y periódica ya en la misma programación anual.
  • Encuentro fraterno entre los miembros del equipo de formadores: La fraternidad no se improvisa, hay que construirla.
  •  La oración mutua: No solo orar juntos, sino también orar el uno por el otro, hablarle a Dios de los hermanos sacerdotes.
  • Pensar bien y hablar bien de los hermanos: La murmuración es el veneno que destruye una comunidad, daña el corazón y rompe las relaciones.
  • La corrección fraterna: signo de madurez humana y caridad cristiana.
  • La amistad sacerdotal: Es importante cultivar amistades íntimas y profundas, con límites claros y flexibles.
  • Compartir la misa y la mesa: La concelebración eucarística, frecuente en el equipo formador, significa acercarse juntos a la fuente de la caridad pastoral. Esta experiencia a veces excepcional en la propia vida sacerdotal, se alarga en el compartir cotidiano de los alimentos. La mesa de los formadores no es un lugar de elitismo o privilegio, es un sitio que facilita el encuentro fraterno.
  • Retiro espiritual: elemento fundamental para cultivar una espiritualidad densa y fomentar el mutuo acompañamiento
  • Compartir el tiempo libre: no solo las responsabilidades sino también los momentos de descanso.
  • Comunicación eficaz: caracterizada por la sinceridad, transparencia, asertividad y apertura del corazón. la misma debe ser oportuna y fluida, principalmente con todos los miembros del equipo formativo y por los medios más adecuados.
  • Ayuda y apoyo reciproco: No todos los formadores tienen la misma experiencia ni las mismas habilidades, precisamente por eso, una de las notas del equipo en la que se apuntala la comunión es la complementariedad y la confianza en el trabajo y desempeño del otro.

El carisma rector: pastor y hermano

El Rector, a imagen de Cristo Buen Pastor, es una mezcla de padre y hermano. El buen pastor se preocupa del rebaño y de cada una de las ovejas. Hay una relación vertical de mirada amplia de todo el rebaño, del bien común del rebaño, y una relación codo a codo con cada una de las ovejas. Ésos son los arquetipos del padre y del hermano que deben funcionar también en el Rector del Seminario.

En la dirección colegiada del seminario, además, el Rector debe preocuparse de integrar los diversos elementos que concurren en la formación. Deberá armonizar los diferentes aspectos educativos conciliando las exigencias de la libertad y la disciplina; las instancias de cada persona y de la comunidad, puesta al día y tradición, formación de la interioridad y necesidad de estar atentos a la realidad, implicándose aun en los problemas sociales. En esta compleja función de dirección, en fin, el Rector debe sobresalir por su capacidad de discernimiento, sea respecto al camino de la comunidad sea al de cada persona.

Se pide del Rector que tenga espíritu de fe, sentido pastoral, espíritu de comunión, madurez humana y equilibrio psíquico, límpida y madura capacidad de amar, capacidad para la escucha, el diálogo y la comunicación, atención positiva y crítica. Todas estas capacidades, actitudes y convicciones constituyen el «carisma» del Rector. Manifestándose en dotes naturales y de gracia y, al mismo tiempo, en algunas capacidades y aptitudes que adquirir.

El Espíritu Santo asista siempre al Rector del Seminario para que pueda desarrollar su carisma con el auxilio indispensable de la Gracia.

Bibliografía consultada:

Congregación para el Clero (8 de diciembre de 2016). El don de la vocación presbiteral. Ratio Fundamentalis Intitutionis Sacerdotalis. LObservatore Romano: Ciudad del Vaticano.

Curso para Rectores de Seminario (2018). El equipo formador del Seminario. Congregación para el Clero: 2018.

Hermandad de Sacerdotes Operarios (2012). Los itinerarios formativos en el Seminario diocesano. Directorio para la formación sacerdotal. Servicio de Animación Vocacional: México.

Hermandad de Sacerdotes Operarios (2018). El don de la Vocación Presbiteral. Comentarios a la Ratio. Instituto Vocacional Maestro Ávila: Salamanca.

Lavaniego González, Emilio y colaboradores (2018). Los itinerarios formativos en el Seminario diocesano. Fundamento y metodología. Servicio de Animación Vocacional Sol: México.

Saraiva Martins, José. El papel del Rector en el seminario mayor, en Seminarios (2001), vol. 47, pp. 367-377. Instituto Vocacional Maestro Ávila: Salamanca.

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