Pastoral de la Vocación

Presbiterio y sinodalidad

Categorías Cuidar Sacerdocio
Este artículo está escrito por Mons. Mario Moronta

La experiencia de un presbiterio es de carácter sinodal. Ya estoy hay que ir aprendiéndolo y asumiéndolo desde la formación inicial en el seminario. El presbiterio es uno de los constitutivos esenciales de una diócesis y es un ámbito donde se debe vivir la sinodalidad. De hecho, es un cuerpo que camina junto con su obispo para dirigir y transitar las mismas sendas de la misión eclesial con los miembros de cada Iglesia local.

Es un aprendizaje y formación que se realiza en todo tiempo. Van surgiendo nuevas situaciones, se van agregando nuevos miembros… entonces, el obispo que debe ser un maestro para sus presbíteros, ha de insistirles en el estilo sinodal con el que debe vivir y actuar cada diócesis. El Papa Francisco da unas pistas para vivir y realizar la sinodalidad con tres verbos: ENCONTRAR-ESCUCHAR-DISCERNIR.

El presbiterio como cuerpo

Ciertamente que el presbítero debe ser un promotor del encuentro de su gente en la experiencia de la comunión. Y esto se hace patente en el presbiterio. Este no es una institución canónica y fría: todo lo contrario, tiene la característica de un cuerpo. Como tal, se caracteriza por la unión efectiva de sus miembros, lo cual se traduce en comunión. Esta exige que sus miembros, por ser activos y se inter-relacionan entre sí, vivan y caminen juntos; esto es, sinodalmente.

El individualismo hace que se esté juntos, pero cada uno por su lado. El espíritu sinodal requiere el verdadero encuentro que, a la vez, conlleva la sintonía de la comunión.

Por esto, el obispo debe en todo momento promover esa sinodalidad haciendo posible en primer lugar el “encuentro”. El presbiterio debe ser un ejemplo vivo de ello para el pueblo de Dios. Uno de los problemas que se debe sortear debido a la inadecuada formación inicial desde hace tiempo es el individualismo producido por el clericalismo. El individualismo hace que se esté juntos, pero cada uno por su lado. El espíritu sinodal requiere el verdadero encuentro que, a la vez, conlleva la sintonía de la comunión.

Por otro lado, el encuentro se nutre y hace posible el diálogo, que conlleva la escucha: en primer lugar, mutua, pues de hermanos se trata; escucha del obispo y de la jerarquía, del Papa, sobre todo. Escucha del pueblo de Dios, que sabe transmitir lo que el Espíritu le va diciendo.   Así también, esa escucha tiene que ver con Dios, de manera personal y comunitaria-eclesial.

Encuentro y escucha para el discernimiento

El Obispo debe ser el gran animador de la escucha para darle a la sinodalidad mayor cuerpo y fuerza. Cuando el encontrarse y escucharse se dan no resulta fácil el discernimiento, con sus diversas exigencias y características. Ese discernimiento lleva a “leer los signos de los tiempos” donde se siente, se descubre y asume la voluntad de Dios en todo tiempo y lugar. Por eso es tan importante la relación entre presbiterio y sinodalidad.

La Formación Permanente tiene entre sus fines el fortalecer la sinodalidad como experiencia de vida y como parte integral del ministerio sacerdotal, que no es una profesión sino un quehacer eclesial para actuar siempre en nombre de Cristo Sumo y Eterno sacerdote.

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