Pastoral de la Vocación

Una parábola en clave vocacional

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Este artículo está escrito por J. Sans Vila y D. Hernández

Te ofrecemos una parábola en clave vocacional. Puedes usar el siguiente texto para trabajar la vocación en una reunión con jóvenes.


Jesús hablaba en parábolas, en «comparanzas». Era un buen maestro: sabía lo que se hacía. Para hablar de la vocación las teorías siempre resultan confusas. Las «comparanzas», menos.

Érase que se era un paralítico, empedernido lector del periódico diario. Cada mañana, una vez arreglado y desayunado, le dejaban los suyos, al salir a trabajar, junto a la puerta.
A la hora en que presume él que ya ha llegado el periódico al quiosco de la plaza, al oír los pasos del primer transeúnte, exclama con amabilidad:
—«Oiga, por favor».
Pero inútil. El transeúnte en cuestión pasa tieso e inmutable. Ante tanta insensibilidad humana murmura el paralítico un par de jaculatorias no indulgenciadas.
Al poco rato, otros pasos.
—«Oiga, por favor».
—«¿Qué desea, caballero?».
—«Si pudiese acercarse a la plaza y traerme el periódico, le estaría muy agradecido. Estoy paralítico. No hay nadie en mi casa. Aquí está el importe».
—«¡No faltaría más, amigo!».
Y el segundo transeúnte busca y trae el periódico, que entrega al paralítico con una sonrisa.
Aunque devora con pasión el paralítico las noticias del periódico, no por ello deja de oír los pasos de un tercer transeúnte. Los oye, pero sigue leyendo, sin decirle nada. ¡Para qué, si ya tiene el periódico!

El tercer transeúnte —hombre servicial— hubiese estado dispuesto a traerle el periódico. Incluida sonrisa. Pero no se lo pidieron, no le llamaron, pese a que hubiesen podido pedírselo, pese a que hubiesen podido llamarle. No le llamaron, porque no le necesitaban.

El segundo transeúnte —hombre servicial— trajo el periódico. Porque se lo pidieron, porque lo llamaron.

¿Y el primer transeúnte? Era sordo. No podía oír. No podía ser llamado.

Incapacidad, mala petición (mala vocación), en el primer caso.

Capacidad más llamada (buena vocación), en el segundo.

Capacidad sin llamada (sin vocación), en el tercero.

El ejemplo es demasiado simple, demasiado exagerado. Conforme. «Pensar, hablar, es siempre exagerar. Al hablar, al pensar, nos proponemos aclarar las cosas, y esto obliga a exacerbarlas, dislocarlas, esquematizarlas. Todo concepto es ya exageración». Pero es la única manera de no perderse en matices, en detalles secundarios.

El ejemplo podría completarse indicando que en días posteriores, al pasar el segundo transeúnte, al ver que todavía no tiene el paralítico su periódico, se ofrece a traérselo. A lo que accede el anhelante lector. Habría que hablar de otras posibilidades coloreantes. Es verdad.

Pero creo que la estructura básica de la vocación —de todas las vocaciones— nuclearmente está ahí. Una capacidad sobre la que se proyectan unas necesidades que llaman, que vocan.

¿Qué es la vocación? Una llamada a quien puede ser llamado y es necesitado.

Nada más. Nada menos. Luego vendrá el amplio capítulo del cómo del llamante, del cómo del llamado. Pero no confundamos el cómo con el qué.


Puedes descargar el texto aquí para imprimir.

Para trabajar

  • Comienza entregando el texto de una parábola en clave vocacional a cada uno. Deja un tiempo para que lo lean personalmente y pídeles que subrayen aquellas cosas que les parecen más importantes.
  • Una vez que lo hayan hecho, pide que cada uno vaya dando su parecer sobre el texto, lo que le ha resultado novedoso, iluminador…
  • Provoca el diálogo preguntando: ¿crees que nos pasa a veces como al primer transeúnte, que vamos sordos por la vida? Deja que cada uno vaya respondiendo, y pide que pongan ejemplos concretos…
  • Una pregunta interesante para dialogar puede ser: ¿qué crees que necesitamos para saber escuchar? ¿de qué tendríamos que desprendernos?
  • Puedes concluir el diálogo con una reflexión que siga estas líneas:
    • La vocación es ante todo la llamada de Dios para dar respuesta a una necesidad de nuestro mundo
    • Dios llama a cada uno a una cosa distinta: cada vocación es única
    • Sólo el que permanece atento y en actitud de ofrecimiento logra conocer su vocación y realizarla
    • Hay que saber pedir este don de la escucha, de la atención, de estar atento al mundo y a sus necesidades; y junto con ello, saber estar dispuesto a entregar la vida en el servicio.
  • Invita a todos a hacer un momento final de oración, haciendo un poco de silencio interior para pedir al Señor en el corazón que nos enseña a escuchar su voz y a ser generosos en lo que nos pida. Después uno puede leer la siguiente oración en nombre de todos para concluir.

Aquí estamos, Jesús.
Venimos con el corazón sediento a escuchar tus palabras.
Sabemos que tienes palabras de vida para cada uno de nosotros.
Tú conoces nuestras cegueras, nuestros miedos y cobardías.
Sólo el contacto contigo nos puede transformar.
Queremos escuchar tu voz en medio de la vida, solo tú nos liberas.
Unidos a ti encontramos la luz y la fuerza
para enfrentarnos a nuestro diario vivir.
Queremos escucharte cada día y decirte:
«Aquí estamos, Señor, para hacer tu voluntad y vivir como nos enseñas».

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