Pastoral de la Vocación

Presentar la vocación a los jóvenes

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Este artículo está escrito por Juan Carlos Martos cmf

Demasiado tarde

En una parroquia apareció colgado un cartel que merece una meditación. Presentaba una primera foto de un bebé y debajo de ella se leía: «Demasiado joven para pensar en Dios». A su lado, otra fotografía de un adolescente en una discoteca: «Demasiado distraído para pensar en Dios». A continuación, una imagen de unos recién casados saliendo de la iglesia: «Demasiado felices para pensar en Dios». La siguiente instantánea mostraba a un ejecutivo con cara de estresado hablando por teléfono: «Demasiado ocupado para pensar en Dios». Por último, bajo la foto de un féretro, se indicaba: «Demasiado tarde para pensar en Dios».

El cartel me ha venido a la cabeza cuando leía unas palabras del Papa Benedicto XVI, citando a san Bernardo de Claraval. Con ellas alertaba del peligro de caer en la «dureza de corazón» por los miles de líos y complicaciones que nos marean cada día. «Mira adónde te pueden arrastrar estas malditas ocupaciones, si sigues perdiéndote en ellas… sin dejarte nada de ti para ti mismo», citaba el Santo Padre parafraseando al gran impulsor de la orden cisterciense.

Presentar la vocación a los jóvenes

Y es que en estos tiempos en los que decimos que no tenemos tiempo para nada porque tenemos nuestra agenda hasta el borde, conviene de vez en cuando levantar el pie del acelerador y pararse a pensar hacia dónde vamos. La cara de sorpresa tiene que ser monumental cuando uno se presente delante de Dios y se dé cuenta de que tiempo ha tenido, y a montones, siempre que se tratara de dedicarse a sus apetencias, de satisfacer sus necesidades y caprichos, de perderse en los innumerables trajines de cada día, pero que, con Dios, se ha sido más bien rácano. Como animadores vocacionales hemos de hace algo antes de que sea demasiado tarde. Debemos presentar la vocación a los jóvenes.

Repitamos a nuestros jóvenes que la única manera de estar vivos es vivir en el presente. Que no hay manera de ser felices si no es siéndolo hoy. Que la fuga al futuro son eso, fugas. Que un ser que quiere vivir de veras debería gritarse a si mismo ante el espejo, cada día al levantarse, que esa jornada que empieza es la más importante de su vida. El pasado pasó. Ya sólo sirve para subirse encima de él y mirar mejor hacia adelante. El futuro vendrá de las manos de Dios y en ellas ha de dejarse. La única tarea es el presente, esta hora, ésta. Dios mismo no nos espera en el mañana. Se cruzará hoy con nosotros. Nuestra misma resurrección ha comenzado en este momento que vivimos ahora.

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