Pastoral de la Vocación

La masturbación en la formación ¿oportunidad o tabú?

Este artículo está escrito por Samuela Rigon

La masturbación es la obtención de placer sexual mediante la autoestimulación de los órganos genitales. Si bien es una práctica que pertenece al desarrollo psicosexual y relacional de la persona, afrontarla en la formación inicial es todo un reto. Incluso muchas veces un tabú. No se puede entender un comportamiento, sino considerar también a toda la persona que lo realiza. Es la persona quien da al comportamiento un significado personal y subjetivo.

Esto vale para la sexualidad. Si pretendemos entenderla aisladamente, sin encuadrarla en el contexto más amplio de quien la usa (o no la usa) permanece como un hecho incomprensible, que algunos educadores relativizan y otros demonizan. Además, cuando este fenómeno de la masturbación se realiza en el itinerario vocacional y formativo, esta advertencia es aún más necesaria.

Ubicuidad y plasticidad de la sexualidad

Freud hablaba de la ubicuidad y plasticidad de la sexualidad. Ello expresa que un comportamiento no sexual puede servir para expresar dificultades en el área sexual (ubicuidad) y por otra parte, que un comportamiento sexual puede ser estimulado por motivaciones que tienen poco o nada que ver con el sexo propiamente dicho (plasticidad). La relación sexual puede ser usada como modo de afrontar conflictos individuales, necesidades o ansiedades más que como una expresión de una relación afectiva y placentera entre un hombre y una mujer. La unión sexual puede ser un modo de descargar la tensión o para probar la propia identidad sexual. Incluso para probar el propio valor ante sentimientos de inferioridad o inadecuación. Aún más, puede usarse para demostrar poder sobre la otra persona, canalizar sentimientos, de rabia o ser fuga ante la soledad y el dolor.

Sexualidad como consecuencia

A diferencia de lo que se suele creer, es necesario ver la sexualidad como una variante consecuente y no antecedente. Es decir, como un medio de expresión, más que como causa de conflictos. Especialmente cuando termina la adolescencia (hoy extendida) los problemas sexuales son, con más facilidad, efectos que causas. Por eso es útil poner atención a las debilidades sexuales del individuo, ya que nos transmiten algo sobre la personalidad global de la persona. Considerando que las debilidades son «indicadores secundarios», entonces no podemos quedarnos simplemente allí. Las causas deben ser buscadas en la dinámica de la persona (necesidades, actitudes, defensas, emociones, etc.). La atención debe ampliar la mirada: de la sexualidad (efecto) a la personalidad global (causa)

Sujeto relacional

En los últimos años, la reflexión teórica y la experiencia clínica, además de las investigaciones empíricas, han focalizado su atención en el contexto interpersonal e inter-subjetivo en el cual ocurre la elaboración de la propia personalidad. La personalidad es fruto de las relaciones, en una dinámica continua de recíproca influencia entre el individuo y el ambiente. El sujeto no es un cúmulo de pulsiones, sino que es un individuo construido e inserto en un contexto de relaciones con otras figuras de las cuales desea diferenciarse y vincularse. En otras palabras, la energia de la líbido no está dirigida al placer, sino al objeto.

Cómo afrontar el problema: un caso

La hermana Inés se encuentra desde hace pocos meses en una nueva comunidad. Después del noviciado vivió 4 años en una comunidad que acoge a muchachas con problemas y para cuya asistencia trabajaba con otras 3 hermanas de la comunidad. Actualmente vive en una comunidad de 15 hermanas, todas comprometidas en la enseñanza. El ritmo de trabajo, los momentos fraternos y el tipo de oración en común son muy diversos a la experiencia anterior. La hna. Inés extraña mucho su vieja comunidad. Con la nueva superiora – segura y emprendedora – siente cierta dificultad relacional.

Le faltan las muchachas de la casa de acogida que apreciaban su presencia amable y sufre también cierta desatención por parte de las hermanas, que parecen poco interesadas por el cuidado que Inés pone en la liturgia comunitaria y en el canto. También quisiera concretar algunas innovaciones pero siente resistencia por parte del grupo. Además, no tiene coraje para hablar con la superiora, ante quien se siente insegura y es como si temiera su reacción. La hermana Inés no está tranquila; siente mucha rabia por toda la situación. Reaparece la dificultad de la masturbación que había experimentado en el tiempo de la adolescencia. Esto la hace sentir muy humillada y culpable, y su estado interior se vuelve aún más penoso.

No subestimar el hecho masturbatorio

Cuando es abordado rápidamente con la intención de hacerlo desaparecer o se exige un esfuerzo de la voluntad, evitando el pasaje previo de la relectura del hecho, este puede desaparecer. Pero como no ha sido comprendido, con el tiempo puede ensombrecer otras áreas de la personalidad. Pensemos por ejemplo en ciertas relaciones «espirituales», demasiado cercanas y vinculantes, que pueden esconder motivaciones de tipo manipulatorio, seductivo, dominante, o en intereses morbosos e insistentes por ciertas actividades y temáticas culturales que de alguna forma tiene que ver con el tema sexual. Y todo esto se puede dar también en el caso de la persona que tiene una vida casta.

Evitar las trampas de la explicación instintiva.

«A los instintos no se los manda», «es más fuerte que yo», «la masturbación es solamente una descarga de tensión». Son afirmaciones que se inspiran en un modelo «hidráulico» que en la actualidad es poco sustentable y que evita considerar la relación del acto en cuestión con la configuración general del yo. La pulsión que lleva a la masturbación existe como una modalidad que el yo activa en forma inconsciente cuando las circunstancias y los estímulos del ambiente sugieren este tipo de reacción.

El acto masturbatorio debería interpretarse no tanto en función de una descarga pulsional sino en un cuadro motivacional del yo. Para captar el cuadro motivacional del yo es necesario ver cómo la persona reacciona afectivamente a las circunstancias que vive. Además de ayudarla a expresar sus deseos, sus necesidades, sus objetivos y a darse cuenta de los obstáculos que enfrenta como de las modalidades con las que les hace frente.

Desexualizar el problema y ampliar el horizonte.

La masturbación está en lugar de otra cosa: es una especie de caja de resonancia de problemas que residen en otro lado. Por ejemplo, puede satisfacer necesidades de dependencia o de agresividad, compensar una débil identidad, concretar fines de dominación… Lo que aparece es el comportamiento sexual, pero su explicación debe ser buscada en otras áreas de la personalidad. Esto vale sobre todo para el joven adulto, donde a menudo el impulso masturbatorio inicial emerge a raíz de una experiencia no vinculada a la esfera genital como el aburrimiento, la ansiedad, la soledad, la rigidez en el rol, un enfoque de la vida excesivamente frío y/o intelectual… La hermana Inés resuelve sus problemas inconsciente y aparentemente por medio de una estrategia regresiva que la lleva a replegarse en su yo. Pero el acto masturbatorio revela su engaño porque no da lo que promete

La solución del problema sexual

La solución no necesariamente significa un mejoramiento de la personalidad global, ni siquiera desde un punto de vista vocacional. Alguien por ser sexualmente maduro no necesariamente vive mejor las relaciones desde el espíritu de la oblación cristiana. No se puede decir “ya que la masturbación desapareció, la persona creció”. Tampoco se puede decir “no existen debilidades sexuales por lo tanto la persona está sexualmente madura”. De hecho, si la sexualidad es un medio de expresión, puede suceder que el malestar de base permanezca inalterado. Encontró solamente un medio de expresión distinto de aquel sexual (sustitución del síntoma). Puede suceder que mientras los problemas sexuales disminuyen, en la vida cotidiana aumenten las manifestaciones de intolerancia, agresividad, dependencia infantil, y que ante determinados estrés los problemas reaparezcan, generalmente en forma más grave.

¿Cómo acompañar? ¿Qué buscar?

Un buena pista es la frase ya citada: «la líbido no está dirigida al placer sino al objeto». Por objeto de la masturbación entendemos aquello que tiene la capacidad de excitar y eventualmente de llevar al acto mismo. Se puede identificar al objeto poniendo atención a las fantasías que acompañan al acto masturbatorio.

  • El objeto que excita se vincula a una escena o a una persona de la vida real. Sin embargo, la escena o la persona es revivida y re-elaborada por la fantasía, generalmente mejorada en algo excesivamente placentero. El placer no es solamente de caracter genital-sexual, sino que está vinculado a la imagen mejorada de sí mismo. La imagen que la vida real permite concederse es siempre más débil que la elaborada en la fantasia.
  • Se fantasea con el objeto en forma tal de construir alrededor de él cierto tema erótico en el cual el protagonista es el sujeto que fantasea. La elaboración de la fantasía es diversa en adolescentes que en adultos. Existe cierto filón erótico preferido en todo adulto con objetos vinculados al placer.

Entre la fantasia y la realidad

  • En el adulto joven es posible encontrar temas eróticos recurrentes. Sus «películas eróticas» tienden a ser re-elaboraciones fantasiosas y evasivas respectos a las tareas típicas de su edad. La tarea es darse una identidad realística y saberla mantener en situaciones difíciles. Si el joven adulto no logra resolver en la vida real, lo hará en la fantasía. Por lo tanto el «film» dice algo sobre un yo que sabe mantener (en la fantasia) su identidad aún en situaciones de choque (realidad).
  • Por ejemplo, fantasías de intimidad pueden compensar la soledad de la vida; escenas de un yo seductor pueden ser la otra cara de una vida real pasiva y sometida; la rabia reprimida produce fantasías eróticas de poder o de dominio; las dudas sobre las propias capacidades para amar se vuelven fantasías de conquista.
  • La persona se da cuenta que se trata de un «film» placentero pero alternativo a la realidad: generalmente, después del placer del orgasmo se apodera un velo de «melancolía de realización», un sentido de mortificación que humilla. La atracción previa por el acto se transforma en aversión, no tanto y no solamente por el acto sino por la percepción inconsciente que se trata de una maniobra ineficaz.

Tres dilemas en la identidad

Las sacudidas que en la vida práctica hacen vacilar la consolidación de la propia identidad pueden ser reconducidas a tres grandes dilemas:

  1. El primero es el dilema de la «intimidad-aislamiento», que gira alrededor del desafío de saber estar junto a los otros y también sanamente solos (¿quién es el tú para mí y quién soy yo para él/ella?).
  2. El segundo, el dilema de la «industria-inferioridad», que gira alrededor de la capacidad de sentirse competentes aún cuando se reciben humillaciones (¿soy amable como persona o por las servicios que ofrezco?).
  3. Finalmente, el dilema de la «iniciativa- culpa», que gira alrededor de la capacidad de no desanimarse y seguir intentando aún después del fracaso (¿sé reaccionar ante la desilusión?).

Preguntas embarazosas…

Preguntas embarazosas que hay que elaborar y que pueden encontrar respuestas tranquilizadoras en otros varios temas fantásticos: (1) fantasías de intimidad, (2) fantasías de rescate de sí; (3) fantasías de agresividad. Paradójicamente con la masturbación el sujeto puede satisfacer su deseo de encontrar a las otras personas y a las cosas de la realidad sin encontrarlas realmente, permaneciendo encerrado en su habitación. Abandonar la masturbación significa encontrarse con el problema del encuentro con el mundo real.

2 Comentarios

  1. Armando

    Excelente material para la vida.

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  2. Yolban Figueroa

    Estoy agradecido por la extraordinaria labor que hacen.

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