Pastoral de la Vocación

Religiosas atentas al mundo

Este artículo está escrito por Alberto Castro

Las religiosas deben permanecer atentas al mundo. La fecunda labor de la pastoral vocacional conlleva necesariamente el abandono de la autorreferencialidad que caracteriza muchas veces el estilo de vida de nuestra sociedad. Si se intenta cultivar la vocación esto exige poner en segundo lugar la estima propia y la búsqueda de intereses mezquinos. Vivir la pastoral vocacional es vivir respondiendo y acompañando a cada instante en medio de la comunidad. 

El Papa Francisco

El Papa Francisco ha recibido el pasado 26 de marzo al Instituto de las Hijas de María Santísima del Huerto. Les ha dado una serie de indicaciones o reflexiones en torno a la vida consagrada que pueden aplicarse también al gran misterio de la vocación. 

Está demás retomar en qué consiste una sociedad cuando la llamamos autorreferencial. Pero sí es muy necesario la capacidad de detectarla cuando entra en las estructuras de las pastorales vocacionales e incluso de la misma vida de los promotores vocacionales. Francisco propone una buena forma de evitar estas actitudes infértiles de la vida cristiana. Recuerda que debe existir un movimiento doble en la vocación: estar con Dios y salir a las periferias más necesitadas, llenarse para compartir. Evidenciando que esta sociedad maquillada en la que vivimos puede convertirse también en el estilo de vida de la vocación. En ella hacemos, proyectamos y realizamos tareas que en realidad no son expresión del estilo de vida integral que se supone deberíamos llevar.

Una propuesta de pastoral vocacional

En la nota, parece que el Papa acierta también con una propuesta de pastoral vocacional diciendo: “de un corazón inmerso en Dios salen los frutos de una vida que huele a Evangelio”. Si lo leemos desde la clave vocacional tenemos una imperante necesidad de sumergir nuestros corazones en Dios, salir de la autorreferencialidad, y así abrirnos a los frutos de nuevos hombre y mujeres inquietados vocacionalmente, no por nuestros logros, sino por “la vida que huele a Evangelio”. Por ello, las religiosas deben estar atentas al mundo.

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