Pastoral de la Vocación

Riesgos del clericalismo en la vocación del laico

Etiquetas Clericalismo
Este artículo está escrito por Carlos Vítolo

Las denuncias del riesgo general que representa el clericalismo para la misión de la Iglesia se han multiplicado en el mensaje del Papa Francisco desde hace bastante tiempo. Pero las acusaciones de este riesgo respecto al comportamiento de los clérigos, no deben hacernos olvidar los riesgos del clericalismo en la vocación del laico.

Es cierto que la realidad del clericalismo se hace presente en todos los tiempos y todos los espacios humano. Incluso en la Iglesia desde sus inicios. Así lo expresa, paradigmáticamente, la denuncia por parte de Cristo del ansia de poder de los apóstoles: Mc 10,41-45 y paralelos). Pero el estatuto lingüístico y teológico exacto de la palabra “clericalismo” no encuentra fácilmente definición, ni siquiera en el magisterio. 

El origen de la palabra

La palabra procede originalmente del mundo socio-político, en el marco de las reivindicaciones de una acción política independiente del influjo de la Iglesia y de la religión, considerado excesivo y adversado. Por eso se ha llamado “clericalismo” que, por otro lado, a veces ha llevado a algunas sociedades a la contrapartida extrema del laicismo. 

Más allá de la justicia de estos reclamos, y más allá de estos usos estrictamente “profanos”, el término tiene indudable carga negativa. Y es que denota una distorsión del rol de la Iglesia. Desviar sus fines hacia el terreno de intereses ajenos a ella, por medio del ejercicio de un poder sociológico. 

Clericalismo según Francisco

Aquí nos interesa más entender cómo caracteriza el Papa Francisco el clericalismo. También cómo pone en evidencia sus riesgos en relación con la vocación y misión de los cristianos. En varios de sus documentos e intervenciones públicas, aparece una constelación de ideas y palabras que denotan actitudes y comportamientos. Los presentamos sin pretender con ello una sistematización teológica del concepto: 

  • Distinción “elitista” y separación discriminatoria de sacerdotes y laicos (contra el sentido eclesial de comunión)
  • Autorreferencialidad y narcisismo (contra el reconocimiento, la actitud de diálogo y la generosidad)
  • Legalismo (contra el profetismo y la misericordia)
  • Intereses “mundanos” que determinan el actuar (contra el compromiso evangélico) 
  • Y, sobre todo, acusa fuerte y consistentemente el Papa, el ejercicio de un poder “moral” discrecional y avasallador. Este es contrario al respeto, a la humildad y a la actitud de servicio. 

El Santo Padre traza así un cierto perfil del clericalismo. Atribuye a este conjunto de comportamientos la responsabilidad de los abusos en la Iglesia, de la índole que sean. (Puede leerse aquí la Carta del Santo Padre al Cardenal Ouellet del 19 de marzo del 2016). 

El clericalismo como mentalidad

Se podría discutir la atribución de todos los abusos a esta única causa, pues normalmente son fenómenos multifactoriales. No es discutible, sin embargo, que estas conductas se pueden asociar entre sí. Tampoco que están en las antípodas del Evangelio, significando una inmoralidad y una incoherencia vital contraria a cualquier vocación cristiana. Que el clericalismo se convierta luego en una “mentalidad” que se difunde en el espacio y se transmite en el tiempo entre las generaciones desde la pedagogía deletérea del mal ejemplo, es otro aspecto a considerar en este asunto y que también señala el Papa.

Pues bien, aunque los destinatarios principales de estas acusaciones sean, la mayoría de las veces, los clérigos, no deja por ello de denunciar el Papa los comportamientos afectados de clericalismo de los laicos. Esto también fue declarado en pontificados anteriores. Por ejemplo: Juan Pablo II en las visitas ad limina de los Obispos de las Antillas, Nueva Zelanda o Estados Unidos, y en Christifideles laici. También Benedicto XVI en algunos discursos y encuentros internacionales con sacerdotes), con lo que se evidencia una problemática general y crónica de la Iglesia.

Los riesgos del clericalismo en la vocación del laico

Respecto de los laicos, los riesgos del clericalismo van en dos direcciones principales que no son completamente ajenas entre sí, y que debemos considerar: el clericalismo como ansia de poder; el clericalismo como mimetización “clerical”.

El ansia de poder

  • El clericalismo como ansia de poder tiene un formato preciso: una idea del apostolado como poder y propósito de mando. Supone la dialéctica amo-esclavo introyectada en las opciones apostólicas por las que se intenta el dominio. También la mediatización de los demás en función de intereses propios ajenos a la fe, y la escalada de posiciones dentro de la Iglesia. Y está latente en el fondo de muchas luchas ideológicas acerca de la distribución del poder en la Iglesia. En este sentido, no hay gran diferencia entre el clericalismo del sacerdote o del laico. Pero con esto se evidencia cómo el laico también es susceptible del pecado clerical. Por otra parte, una sumisión pasiva del laico puede alimentar y mantener el clericalismo en el sacerdote y en la Iglesia. Así mantiene viva la dialéctica de fondo, desde la pretensión del poder o desde la sumisión pasiva. De hecho, ciertos miedos o ciertas comodidades pueden empujar a los laicos en esa dirección. Asó recuerda el Papa Francisco en su Discurso a la Unión Internacional de Superiores Generales en 2016: “Pero el clericalismo es una actitud negativa. Y hay complicidad, porque se hace de a dos, como el tango que se baila entre dos… Es decir, el sacerdote que quiere clericalizar al laico, la laica, el religioso y la religiosa, y el laico que pide por favor ser clericalizado, porque es más cómodo…”.

Copiar las formas sacerdotales

  • El otro riesgo “clerical” consiste en copiar las formas del sacerdocio (según una interpretación limitada del ser sacerdotal) en la vida del laico, y se mueve dentro del mismo esquema anterior, pero como una tentación más sutil. Que el laico se vea inconscientemente a sí mismo como un casi-sacerdote, un sacerdote “en miniatura”. Se trata del laico que considera que su misión propia se juega preferencialmente dentro de los cuadros de la Iglesia institucional (“en la sacristía”, como suele decirse), especialmente en terreno litúrgico. Cierto ideal exclusivista de realización personal y vocacional a través de ministerios y acciones ligadas al templo, puede hacer sentir completamente correcta esta opción. Con lo que se deja al descubierto y desatendida la vocación específica y la misión principal del laico en la transformación del mundo, de su entorno, de la economía, la sociedad, la política y la cultura (Cf. LG 31, AA 5-8, ChL 32-44; etc.). Dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium 102: “… un excesivo clericalismo que los mantiene [a los laicos] al margen de las decisiones. Si bien se percibe una mayor participación de muchos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico. Se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad”. Algunas veces, a esta distorsión corresponde, paradójicamente, la laicización de los sacerdotes. Para llenar los espacios apostólicos desatendidos por los laicos, algunos sacerdotes se hacen operadores sociales o líderes políticos.

Conclusión

Los riesgos del clericalismo en la vocación del laico exigen una respuesta eclesial sistémica, que ayude a confrontarlos en su dimensión eclesial global, desde una opción por el diálogo y la participación, y la promoción de una actitud pastoral de servicio bien probada. En este sentido, los propósitos del próximo Sínodo de la Sinodalidad resultan prometedores desde muchos puntos de vista.

Y, de cara a confrontar el clericalismo del laico que se mimetiza como sacerdote, será fundamental concientizar acerca de su responsabilidad insustituible en el apostolado comprometido en el mundo, muy iluminado desde la Doctrina Social de la Iglesia y la moral sociopolítica; y promoverlo en los ministerios evangelizadores de “frontera” con todos sus talentos y dones característicos. Ésa es su vocación primigenia que el laico debe asumir, y el sacerdote deberá promocionar.

1 Comentario

  1. Fernando Gómez

    Muy buen artículo acerca de esta situación que se mantiene vigente en diversos ámbitos de nuestra Iglesia.

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