Pastoral de la Vocación

Pastoral Vocacional en los Colegios.

Categorías Sembrar Vocaciones
Este artículo está escrito por Ricardo Manuel Morales

El punto de partida: una Cultura Vocacional.

En los documentos conciliares y post conciliares encontramos un llamado recurrente y claro: la Iglesia no existe para sí misma, no está llamada a la mirada autocomplaciente, narcisista o elitista- excluyente. Su identidad, su misión es la Evangelización. Así lo atestiguaba San Paulo VI en la EN. “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar.”

El Papa Francisco en la EG. lo reafirma subrayando la experiencia del encuentro con el Resucitado que nos posibilita la verdadera Alegría: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. …La alegría se renueva y se comunica: El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”.

Por tanto, si la Iglesia es para Evangelizar, si su dinamismo evangelizador tiene que impregnar todas sus actividades e Instituciones, ciertamente también deben evangelizar nuestros Colegios, los Colegios Católicos. Ellos, no se pueden esconder, obviar esta tarea de llevar la luz de la Resurrección a nuestra sociedad herida, necesitada de otra Alegría. Dicho de otra forma, si nuestras instituciones de Iglesia quieren ser significativas en su mensaje, no puede desentenderse de la tarea de partir de la realidad. El Resucitado se acerca a los discípulos que salían miedosos, confusos, desilusionados de la realidad. Ellos escapaban de Jerusalén (realidad) rumbo a Emaús (ciudad símbolo de la huida). Y es en la experiencia del Resucitado donde encuentran el sentido, la luz, para volver a la realidad con ojos enriquecidos, con ánimo iluminador, evangelizador, con Alegría Pascual.

Nuestra Pastoral en los Colegios, si quiere iluminar, no puede circunscribirse sólo a lo estrictamente ritual, o formalidades celebrativas exteriores. Si fuese así, correría el peligro de olvidar la realidad. Y es ahí donde encontramos también el dinamismo Vocacional de nuestra tarea. Dios nos llama desde el dolor, desde la herida, desde la realidad. Por tanto, podemos también correr el peligro de no escucharlo, de no responderle.

La realidad… qué compleja la tarea. Lejos de ser exhaustivos a la hora de describirla, podríamos decir que hay signos de esas llamadas en expresiones culturales significativas.

Desde la ciencia: Ya hace unos años Stephen Hawking señalaba la amenaza de la muerte y la nada en tres amenazas: un virus destructor, la guerra nuclear y el cambio climático.

El Papa Francisco lo amplia en la Laudato Si’: pérdida de la biodiversidad, cuestión del agua, deterioro social… “Hay que considerar también la contaminación producida por los residuos, incluyendo los desechos peligrosos presentes en distintos ambientes. Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería

Otros fenómenos significativos de corte nihilista se encuentran presentes en el desencanto juvenil y se observan en sus manifestaciones (música, fútbol), en el hablar cotidiano (la consabida muletilla “nada”), llegando a conductas autodestructivas (la adicción a videojuegos, la droga, el alcohol, los suicidios adolescentes).

Y desde nuestra fe, también podemos decir con el Papa Francisco: “Es pertinente una Iglesia «en salida», puesto que hoy no vivimos sólo una época de cambios sino un verdadero cambio de época, que está marcado por una «crisis antropológica» y «socio-ambiental» de ámbito global, en la que encontramos cada día más «síntomas de un punto de quiebre, a causa de la gran velocidad de los cambios y de la degradación, que se manifiestan tanto en catástrofes naturales regionales como en crisis sociales o incluso financieras». Se trata, en definitiva, de «cambiar el modelo de desarrollo global y redefinir el progreso. El problema es que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis y hace falta construir liderazgos que marquen caminos»” (Veritatis Gaudium).

Esa CULTURA NECESARIA, de la que habla Francisco es una cultura del Sentido de la Vida, una cultura, Vocacional, como bien lo señalaba San Juan Pablo II: Deseo, ante todo, llamar la atención hacia la urgencia de promover las que podemos llamar «actitudes vocacionales de fondo», que originan una auténtica «cultura vocacional». Esas actitudes son: la formación de las conciencias, la sensibilidad ante los valores espirituales y morales, la promoción y defensa de los ideales de la fraternidad humana, del carácter sagrado de la vida humana, de la solidaridad social y del orden civil.

Es necesario, por tanto, promover una cultura vocacional que sepa reconocer y acoger aquella aspiración profunda del hombre, que lo lleva a descubrir que solo Cristo puede decirle toda la verdad sobre su vida. Él, que «ha penetrado de modo único e irrepetible en el misterio del hombre» (Redemptor hominis, 8), «manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación».

Gaudium et spes 22

Partir de la realidad herida de nihilismo, reconocer sus secuelas en medio de nuestros jóvenes y niños. Propiciar el encuentro con el Señor Resucitado, como el dador de sentido pleno, ya que Él es el Kerigma Vocacional indispensable. Y asumir el desafío de suscitar líderes que marquen caminos y promoviendo una Cultura Vocacional es tarea de nuestras instituciones.

¿Cómo lo ponemos en práctica? ¿Quiénes serían los actores de esa transmisión? ¿Qué recursos, qué pedagogía se implementarían? ¿Cómo sembrar la pregunta vocacional, de sentido a lo largo de toda la trayectoria educativa? ¿Cuál sería nuestra teología de base?

Éstas y otras preguntas podemos ir desarrollando en futuros artículos.

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