Pastoral de la Vocación

Empatía y vocación: un aprendizaje necesario

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Este artículo está escrito por Lucas Smiriglia

¿Por qué es necesario saber cambiarse los zapatos?

Escuchamos frecuentemente hablar de empatía, o empatizar, pero ¿de qué se trata? ¿Sabemos realmente qué significa? ¿es necesario reconocerla para desarrollarla o potenciarla? Ser empático no equivale a ser «sensible», ni siquiera es ser simplemente «emotivo» delante de los demás. La empatía significa entrar en el estado de ánimo de una otra persona y comprender su contenido más profundo.

Empatía, hacía una definición

Generalmente, la empatía es considerada una virtud, aunque esto no parecíera del todo cierto. De hecho se puede educar en la empatía y aprender a utilizarla de manera cada vez más plena y asertiva. Trataremos de profundizar en cómo aprender a ser empáticos dentro de nuestros procesos vocacionales.

Empatía deriva del griego «empatéia», término compuesto de «en- dentro» y pathos «sufrimiento o sentimiento». Comúnmente viene definida como «ponerse en los zapatos del otro». Parece que no es nada nuevo, y sin embargo, esta definición desde la psicología es mucho más compleja de cuanto parecíera.

Habilidades de base…

«Ponerse en los zapatos del otro» metáforicamente llama a la imagen de meterse unos vestidos o calzados que le pertenecen a otra persona. Incluso es sentir aquello que la persona experimenta como si estuvíeramos en su situación, en su lugar. Para realizar esto, son necesarias diversas habilidades…

  1. Inicialmente, la actitud empática requiere saber identifificar y reconocer las emociones que el otro experimenta. Por ejemplo, para atribuirle la tristeza a otra persona, primero debemos saber qué es la tristeza.
  2. En segundo lugar, es importante ser capaz de sintonizar con la vivencia del otro, sea a nivel cognitivo que emotivo, poniéndonos al mismo nivel. «Sentirse» como se siente el otro en esa emoción, en las sensaciones, en los pensamientos que experimenta. Es un modo de descender con el otro. En esta habilidad juega un rol importante la capacidad de representación social. Es decir, esto será más fácil si ya la persona ha experimentado esa misma situacion o si somos afectivamente cercanos a la otra persona.
  3. Una vez interiorizado el estado de ánimo del otro, es necesario estar en grado de reflejarle su vivencia interior. Esto es un modo de ayudarlo a «verse desde el exterior», a percibirse que no está solo. Estamos con él, sabemos aquello que está experimentando.
  4. Se requiere tener una buena capacidad de autoregulación emotiva. Sea para no confundir las emociones ajenas con las propias. O para evitar ser consumido o tragado por las emociones del otro.

Competencias empáticas

Ser empáticos significa poseer dos tipos de competencias o habilidades:

  • Empatía cognitiva: es la capacidad de percibir una perspectiva diversa a la propia. Para poder comprender los pensamientos, comportamientos y emociones de los otros. Es útil en la resolución de conflictos, en la toma de decisiones o en trabajo en equipo. Esta empatía requiere la capacidad de «salir de uno mismo».
  • Empatía emotiva: es la respuesta que ofrecemos al otro. Viene como resultado de la consciencia de la vivencia emotiva del otro y de la habilidad de compartir con la otra persona aquello que experimenta. Esta empatía ofrece el mensaje profundo de comprensión.

Cinco estrategias para desarrollar la empatía

Una persona puede ser mas o menos empática. Se habla incluso de cierta predisposición a la empatía. Es posible incrementar nuestra habilidad empática. De manera tal que se puedan mejorar las relaciones interpersonales, las habilidades sociales y la gestión del mundo afectivo. Estas habilidades son necesarias en todo proceso de crecimiento humano, psicológico, afectivo, relacional y por supuesto también vocacional.

Las cinco estrategías que presentamos pueden ayudarnos en la vida cotidiana. Son de fácil aplicación y pueden significar un desafío personal para el crecimiento empático y relacional.

Conocerse uno mismo

Adentrarse en el mar de la empatía supone entrar en conexión con la propia vivencia emotiva. Esto requiere un buen nivel de auto-conocimiento. Por ejemplo, cuando experimentamos alegría, tristeza, cansancio o dolor. Vale la pena detenernos y reflexionar sobre las propias emociones de modo atento y sereno. Esto nos permite comprender las propias reacciones emotivas. Preguntarte…¿cómo me siento? ¿qué me hizo sentir así? ¿cómo reacciono ante este sentimiento?

Escucha

De la escucha se habla mucho, aunque poco se la práctica. El estilo de vida frénetico y volatil dificultan nuestra capacidad de escucha. Escuchar a los demás, sus razones, sus motivaciones y observar su comportamiento nos ayuda a hacernos más empáticos. No dar espacios a los demás, interrumpir al hablar, sacar conclusiones apresuradas no crea justas conexiones en las relaciones. Aprender a escuchar es el primer paso de una ayuda concreta. Preguntarte ¿cómo escuchas? ¿cuánto silencio sabes hacer para dejar al otro expresarse? ¿crees saber ya la respuesta? ¿cómo puedes detenerte para escuchar más y mejor?

Descentrarse

El punto de partida somos nosotros mismos. Sin embargo, es necesario salir de nosotros para abrirnos a otros. La empatía nos pone delante de, para aprender a situarnos en relación. La experiencia del otro no es la mia. Es necesario ser flexible para saberme ubicar en relación. Se requiere habitar la tensión de un espacio en la relación. Ni encerrado en mí mismo, ni tragado por la vivencia del otro. Pregúntate: ¿sé estar con los demás? ¿puedo reconocer al otro en mi camino con la alteridad que implica? ¿soy flexible para comprender la vivencia del otro?

No juzgar

La actitud juzgadora no es compatible con la empatía. Se puede juzgar con gestos, palabras o silencios. Escuchar para juzgar o aconsejar, puede ser un impedimiento a la hora de entrar en conexión con la vivencia emotiva del otro. Estamos etiquetando a los demás y poniendonos en posición de superioridad, rápidos para decirle al otro lo que tiene que hacer. Buscamos comprender sin juicios y para ponernos a disposición en busca de posibles soluciones. Preguntarte ¿cómo es mi actitud ante los demás? ¿busco comprender o aconsejar? ¿brotan en mi juicios sobre los demás? ¿soy capaz de vencer mis juicios para conectarme con el otro?

Comunicar con claridad

Sin entrar en la comunicación asertiva, el objetivo es hacerle entender al otro que nos percibimos cercanos y comprensibles delante de su vivencia emotiva. La comprensión es la clave del cambio. Al ofrecer comprensión de la vivencia emotiva del otro, le abriremos un camino para el crecimiento de sí mismo y de sus relaciones. Preguntarte ¿ofrezco comprensión? ¿soy capaz de abrirle caminos de crecimiento a los demás? ¿uso palabras que expresen comprensión?

Descálzate, bajo tus pies la tierra es sagrada (Ex 3,4)

La empatía es necesaria. Es una habilidad social a desarrollar que abre grandes potencialidades de crecimiento y desarrollo. Nos preguntamos ¿es necesario cambiarse los zapatos? No sólo es necesario. Es una exigencia para adentrarnos en la profundidad de la relación. Estamos descalzos delante del otro que se nos presenta. Recordar el modo mediante el cual Dios le pidió a Moisés que se presentara: «descalzo». Esta imagen puede ayudarnos a reconocer que delante de la empatía todos podemos descalzarnos, para aprender a «ponernos en los zapatos del otro».

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