Pastoral de la Vocación

El Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros

Categorías Cuidar Sacerdocio
Este artículo está escrito por Mons. Mario Moronta

La Congregación para el Clero, en su preocupación por los sacerdotes, dio a conocer hace algunos años el DIRECTORIO PARA EL MINISTERIO Y LA VIDA DE LOS PRESBÍTEROS. Fruto del Post-Concilio. En 1994 se publicó el primer Directorio. Años después, en 2013, bajo el Pontificado de Benedicto XVI, se publicó un segundo Directorio que complementa al primero. En ambos se toca el tema de la FORMACIÓN PERMANENTE de los presbíteros.

La necesidad de la formación permanente

Ambos destacan las características e importancia de esta acción pastoral propia del Obispo y del Presbiterio Diocesano. Se insistió en la necesidad actual de dicha formación permanente. En el Directorio de 1994 se dice, al respecto: La formación permanente es una exigencia, que nace y se desarrolla a partir de la recepción del sacramento del Orden, con el cual el sacerdote no es sólo «consagrado» por el Padre, «enviado» por el Hijo, sino también «animado» por el Espíritu Santo. Esta exigencia, por tanto, surge de la gracia, que libera una fuerza sobrenatural, destinada a asimilar progresivamente y de modo siempre más amplio y profundo toda la vida y la acción del presbítero en la fidelidad al don recibido (n.69) Para ello se fundamenta en 2 Tim, 1,6: “Te recuerdo de reavivar el don de Dios, que está en ti”.

La identidad sacerdotal

            El Directorio de 2013 también insiste en dicha necesidad y apela a una enseñanza del Papa Benedicto XVI: Como ha recordado Benedicto XVI «el tema de la identidad sacerdotal […] es determinante para el ejercicio del sacerdocio ministerial en el presente y en el futuro». Estas palabras del Santo Padre constituyen el punto de referencia sobre el cual fundar la formación permanente del clero: ayudar a profundizar el significado de ser sacerdote. «El sacerdote tiene como relación fundamental la que le une con Jesucristo, Cabeza y Pastor» y, en este sentido, la formación permanente debería ser un medio para acrecer esta relación «exclusiva», que necesariamente repercute sobre toda la persona del presbítero y sus acciones (n.87).

            En ambos Directorios se enfatiza cómo la formación permanente de los presbíteros no es una acción aislada o coyuntural. Nace de la razón de ser del sacramento del Orden: 

Se trata de una necesidad intrínseca al mismo don divino, que debe ser continuamente « vivificado » para que el presbítero pueda responder adecuadamente a su vocación. Él, en cuanto hombre situado históricamente, tiene necesidad de perfeccionarse en todos los aspectos de su existencia humana y espiritual para poder alcanzar aquella conformación con Cristo, que es el principio unificador de todas las cosas. 

(Directorio 1994, n.69).

Una acción integral…

            Primeramente, la formación permanente no se limita sólo a lo académico. Antes bien es una acción integral que apunta a la propia vida espiritual del sacerdote. Así lo indica el Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros de 2013: 

Las rápidas y difundidas transformaciones y un tejido social frecuentemente secularizado son otros factores, típicos del mundo contemporáneo, que hacen absolutamente ineludible el deber del presbítero de estar adecuadamente preparado, para no diluir la propia identidad y para responder a las necesidades de la nueva evangelización. A este grave deber corresponde un preciso derecho de parte de los fieles, sobre los cuales recaen positivamente los efectos de la buena formación y de la santidad de los sacerdotes.

Directorio 2013, n. 87

…que afecta a la vida espiritual

            La formación permanente tiene que ver de manera directa con la vida espiritual de los sacerdotes:

 La vida espiritual del sacerdote y su ministerio pastoral van unidos a aquel continuo trabajo sobre sí mismos, que permite profundizar y recoger en armónica síntesis tanto la formación espiritual, como la humana, intelectual y pastoral. Este trabajo, que se debe iniciar desde el tiempo del seminario, debe ser favorecido por los Obispos a todos los niveles: nacional, regional y, principalmente, diocesano.

Directorio 1994, n. 70.

La formación permanente como instrumento de santificación

            Debemos seguir profundizando acerca de lo que nos dicen los Directorios sobre la formación permanente. Ambos Directorios la presentan como un instrumento de santificación. Esta formación consiste, en la práctica, en ayudar a todos los sacerdotes a dar una respuesta generosa en el empeño requerido por la dignidad y responsabilidad, que Dios les ha confiado por medio del sacramento del Orden; en cuidar, defender y desarrollar su específica identidad y vocación; en santificarse a sí mismos y a los demás mediante el ejercicio del ministerio (Direct. 1993., n.71).

            De lo visto hasta ahora podemos deducir claramente que la formación permanente es imprescindible y más que necesaria. Tanto en orden a la vida integral del presbítero cuanto para que su ministerio sea una actividad sacramental que esté inscrita en el tiempo y en medio de la cultura y vida de los miembros de la Iglesia. Para ello, seguiremos profundizando sobre lo que nos señalan los Directorios de la Iglesia sobre el tema.

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