Pastoral de la Vocación

Decálogo del sacerdote del siglo XXI

Categorías Cuidar Sacerdocio
Este artículo está escrito por Mons. Ángel Rubio

1. Identificado con Cristo buen Pastor

Los presbíteros son en la Iglesia y para la Iglesia una presentación sacramental de Cristo Cabeza y Pastor. El sacerdote es una persona llamada por Dios para ser consagrado a Cristo y prolongar así su misión de salvación entre los hombres sus hermanos. Es alguien que ama a los hombres como Cristo les ama. Los hombres han de ver en él a Cristo, porque de lo contrario no lo verán. Han de pensar, sentir y vivir como Cristo. 

2. Mensajero y heraldo de la Palabra

El sacerdote, en nombre de Cristo Pastor, hace presente en el mundo de hoy la Buena Noticia del Reino y la ofrece a todos los hombres como la ansiada respuesta a todas las preguntas y desafíos del corazón humano. Es un hombre que asume, vive y se compromete gozosamente con el evangelio. Y solamente hay evangelización donde hay evangelio vivido. El sacerdote ha de ser capaz de leer e interpretar y discernir la realidad en la que se encuentra inmerso. 

3. Ministro de los Sacramentos

El sacerdote ofrece al Pueblo de Dios la gracia que santifica a los hombres. La celebración de cada sacramento es un momento de gracia, un acontecimiento de salvación, una experiencia del amor de Dios. Los siete sacramentos acompañan la vida humana desde el inicio hasta el final. En este camino, la Eucaristía es fuente de toda la vida cristiana y de toda la vida de la Iglesia, por eso el sacerdote la celebra diariamente aún cuando no hubiera participación de fieles. 

4. Instrumento de la Reconciliación.

En un mundo que cada vez más genera violencia y engendra rupturas y desencuentros, el sacerdote se ofrece como servidor del perdón y la reconciliación. El Sacramento de la penitencia nos ofrece la alegría del encuentro con el Señor. El sacerdote tiene que estar gozosamente disponible para este ministerio, no puede resignarse con ver los confesionarios vacíos. Hay que mostrar la penitencia sacramental como una exigencia de la presencia eucarística. 

5. Servidor de la ‘Caridad en la verdad’

El sacerdote ha de actualizar en su vida la entrega de Cristo, con una ejemplar disposición al sacrificio, a la entrega de su tiempo y salud y hasta su propia vida. La caridad exige la presencia la supera y la completa siguiendo la lógica de la entrega y del perdón. El buen sacerdote está siempre dispuesto a servir. Es un hombre ‘comido’. Nunca puede decir «hasta aquí hemos llegado». El amor no tiene límites, pues su medida es la infinita entrega de Cristo a favor de todos. 

6. Agente de la espiritualidad de comunión

La misión del sacerdote es hacer la unidad en la comunidad. La razón de ser del sacerdocio está en función de la comunión eclesial. El sacerdote ha de vivir en estrecha comunión con la Iglesia Universal a través de su Iglesia particular y en íntima conexión con el presbiterio de su diócesis y con el obispo que lo preside. La comunidad que él preside se ofrece como lugar de encuentro y de acogida, de superación de barreras culturales o raciales y religiosas, buscando siempre la unidad con el vinculo del amor. 

7. Testigo del Dios vivo

El sacerdote ha de ser hombre de plegaria sincera y confiada. Que tenga experiencia de Dios, aceptándolo como el único absoluto de su vida. Antes de hablar a los hombres de Dios, ha de hablar a Dios de los hombres. Es discípulo del Señor antes que apóstol, es oveja del rebaño de Cristo antes que pastor. Testifica lo que ha visto y oído y encarna en su vida la santidad de Dios. 

8. Impulsor del desarrollo humano

Todo sacerdote debe ser ‘experto en humanismo’; solidaridad con el hombre que es el centro de la creación, que debe ser salvado y redimido; solidaridad que no se identifica con compartir sus ideologías muchas veces desvariadas ni sus compartimientos no evangélicos; significa buscarle a él; su persona. Ha de llevar el mensaje salvador al corazón de ese mundo complejo en que le toca vivir. 

9. Hombre fiel a sí mismo y a los demás

Todo sacerdote debe ser un hombre verdaderamente libre, con personalidad humana, con perfecto dominio de sí mismo, con madurez afectiva para vivir con elegancia y sencillez el compromiso de su vida celibataria. Con competencia y buena formación cultural. Bien formado en teología. Está llamado a «discernirlo todo y quedarse con lo bueno» (1Tes 5,21). Ha de promover el apostolado de los laicos para realizar la misión total de la Iglesia.

10.  Evangelizador con nuevas expresiones y nuevos métodos

El sacerdote debe estar convencido que muchas personas están reclamando un nuevo estilo de comunidad mucho más misionera y dinámica. Con la colaboración de los laicos ha de salir a buscar a los que no vienen, a los que nunca han creído o a los que lo fueron alguna vez pero se han alejado. Hay que saber distinguir entre lo esencial y accesorio para no vivir confundidos. Hay que mostrar atención especial a los jóvenes para acoger, dialogar y acompañar en su itinerario de fe.

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