Pastoral de la Vocación

Denles ustedes de comer

Este artículo está escrito por Mons. Mario Moronta

La confianza entre Jesús y los apóstoles

En el relato lucano de la multiplicación de los panes (Lc 9,10ss), los discípulos de Jesús le sugieren despedir a la gente para que busquen alojamiento y comida, dado que se encontraban en un lugar deshabitado. La respuesta de Jesús es curiosa: pareciera no preocuparle la situación y les da un imperativo: “DENLES USTEDES DE COMER”. Los discípulos reaccionaron de inmediato y le indicaron que sólo disponían de cinco panes y dos peces.

Sin embargo, si leemos con atención el relato, nos vamos a dar cuenta de dos cosas importantes: El Señor, en el fondo, no rechaza la petición; pero da un giro inesperado, ya que en vez de despedir a la multitud les ordena a ellos darle de comer. Tremenda responsabilidad ante las condiciones que rodeaban el evento. Lo interesante es la enseñanza que se incluye en el relato. Los discípulos muestran confianza y reconocen la autoridad del Maestro. Este les demuestra que confía en sus discípulos. De allí, entonces el imperativo que pretende crear una reacción. Ellos le indican lo que tienen con lo cual no pueden saciar a tanta gente.

La lección de Jesús a sus discípulos

En el fondo, hay una lección. Los discípulos tienen que terminar de entender quién es Él. Que deben conocerlo y deben saber actuar en su nombre como lo dijera Pedro ante el milagro de la pesca numerosa. Todavía no lo han entendido. Pedagógicamente, Jesús les enseña que no deben acudir a Él como un mago o buscar un amparo paternalista de su parte. Ya es hora de entender lo que les ha venido enseñando con sus palabras y hechos: es la hora de saber que ellos están llamados a ser sus “próvidos cooperadores”.

Se destaca en este texto un hecho concreto: Jesús era un Maestro capaz de enseñar y confiar en sus discípulos. Nunca practicó el “paternalismo”. Por eso, con su didáctica particular fue preparándolos poco a poco para que fueran capaces de cumplir la misión que les iba a entregar. De allí el imperativo destinado a que ellos entendieran que contaban con Él, ciertamente; pero que no debían buscarlo como si se tratara de un “deus ex machina” según la tradición de los antiguos griegos. El imperativo del relato hizo reaccionar a los apóstoles quienes de inmediato: en vez de desalentarse, le presentaron lo que ellos tenían. Luego vino la actuación prodigiosa del Maestro

Del evangelio al presbiterio

Esta sencilla narración ayuda a entender la postura del obispo en relación a sus “próvidos cooperadores”. Además de mostrar su cercanía y su dedicación a ellos, debe mostrarles confianza en las capacidades que tienen para compartir con él la tarea de dirigir pastoralmente su Iglesia local. Esto exige que sea una preocupación desde la madurez de una relación interpersonal enriquecida por la comunión fraterna. Por tanto, no es con la postura del “paternalismo” como deberá tratarlos y abrir las puertas a la FORMACION PERMANENTE.

Es importante pensar en esto y actuar según la enseñanza del evangelio. La relación de comunión obispo-presbiterio siempre ha de estar marcada por la mutua confianza: la de los discípulos que le presentaron la inquietud de la situación de una multitud que podía pasar hambre; y, luego, al ser desafiados, fueron capaces no de ponerse a llorar o desesperarse, sino ofrecerle lo poco que tenían, pues sabían que el mismo Maestro iba a hacer cosas grandes con eso. Ahora bien, esto no se da así como así. Supone una actitud de padre y maestro: padre cercano y maestro que enseña de tal modo que logra crear un discipulado que les permita sentirse sus “próvidos cooperadores”. En esto, sin duda, el obispo debe imitar al Señor.

Pero si el obispo no está cercano…

Lamentablemente se dan casos en los que hay una tal lejanía que el obispo puede llegar a reaccionar de diversa manera: reclamándoles a sus presbíteros el no estar debidamente preparados ni tomar las previsiones… o haciéndoles sentir que son incapaces de resolver situaciones concretas, por lo cual les echa en cara su “ineptitud”… o cubriéndoles con su manto de paternalismo, para insistir en que sólo él es capaz de hacer lo que ellos no pueden.

Se pueden sacar otras conclusiones a partir del relato de la multiplicación de los panes. Pero, podemos ver esta dimensión propuesta anteriormente. Y hay una lección que nos permite descubrir cuál es la clave para que los discípulos confiaran en Jesús, es la misma clave con la que los presbíteros han de aprender a confiar y actuar en plena comunión con su obispo: la fe que reconoce al Maestro en el caso de los discípulos… la fe, que lleva a actuar en fraterna comunión con el obispo… Esto no se improvisa y no se enseña puntualmente en el seminario: es parte de la FORMACION PERMANENTE dirigida por el obispo hacia sus “próvidos cooperadores”.

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